Estado de Tránsito

Javier Urquiza Legorburu y su hermano Enrique compraron ilusionados un bote de pesca de apenas diez metros de eslora y amplia bañera, con un par de literas, un bañito, cocina y una  alarmante propensión a averiarse. En días señalados vestía velas blancas que portaban bien los vientos del cantábrico, pero su línea rechoncha y benévola no permitía rumbos arriesgados como la ceñida; incluso virar se convertía a veces en toda una odisea. En este pequeño sueño hecho realidad salimos a pescar durante años toda la familia y numerosos amigos, pero ellos sobre todo, los dos hermanos, disfrutaron de sus amables bamboleos costeando la vida con un vaso de vino en la mano, el horizonte por futuro y los silencios solo interrumpidos por alguna frase que encienda la tertulia marinera. Bautizaron al barco “Amistad”.

Antes de morir, mi padre expresó su deseo de ser incinerado y pidió que sus cenizas fuesen entregadas al mar. Así lo hicimos. En marítima caravana, El Amistad y varias embarcaciones salieron repletas de parientes…

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